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Rafa Guerrero alerta sobre el impacto de Instagram en adolescentes: “A los 16 años el cerebro aún no está preparado”
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Rafa Guerrero alerta sobre el impacto de Instagram en adolescentes: “A los 16 años el cerebro aún no está preparado”

Dic 26, 2025

Las vacaciones suelen ser un periodo especialmente delicado en los hogares con adolescentes. La ruptura de rutinas, el aumento del tiempo libre y el deseo de pasar más horas con amigos suelen chocar con los compromisos familiares propios de estas fechas. Para el psicólogo infantojuvenil Rafa Guerrero, esta tensión es previsible y, en muchos casos, evitable si se aborda desde la comprensión y el diálogo.

Guerrero, especialista en adolescencia y desarrollo emocional, explica que durante los periodos vacacionales los jóvenes necesitan descansar, desconectar del curso escolar y reforzar sus vínculos sociales. Estas necesidades no siempre coinciden con los planes familiares, lo que puede generar conflictos. En su opinión, la clave está en negociar y asumir que no todos los planes serán del agrado de todos. “No hace falta que haya acuerdo total; se trata de ceder de forma alternada”, señala.

El psicólogo subraya que uno de los errores más comunes de los adultos es interpretar la actitud del adolescente como desinterés o desafío, sin tener en cuenta que su cerebro aún se encuentra en pleno proceso de maduración. “El cerebro adolescente está en construcción”, recuerda, y eso implica reacciones emocionales intensas, cambios de humor y una necesidad constante de afirmación personal.

Este desconocimiento, explica, también se refleja en la forma en que los padres interpretan el comportamiento académico. Centrarse únicamente en las notas o en los suspensos puede llevar a ignorar el contexto emocional del menor. Cambios de colegio, dificultades para integrarse o inseguridades sociales suelen quedar fuera del análisis adulto, pese a que influyen directamente en el rendimiento y el estado de ánimo.

Durante las vacaciones, Guerrero recomienda estar atentos a determinadas señales que pueden indicar malestar emocional. Dormir más de lo habitual, aislarse con dispositivos electrónicos, evitar el contacto familiar o dejar de ver a los amigos son cambios que merecen atención. También lo son la pérdida de interés por actividades que antes resultaban motivadoras o alteraciones en los hábitos alimenticios. Aunque estos signos no implican necesariamente un problema grave, sí invitan a mirar más allá de la superficie.

Uno de los factores que más incide en la autoestima adolescente, según Guerrero, es el uso intensivo de las redes sociales. Plataformas como Instagram exponen a los jóvenes a un flujo constante de imágenes que muestran estilos de vida acomodados, éxito permanente y una felicidad idealizada. Esta narrativa, advierte, genera comparaciones automáticas y una sensación de insuficiencia que puede calar profundamente.

“El adolescente acaba interiorizando la idea de que nunca va a alcanzar eso que ve”, explica el psicólogo. Esta presión no se limita a fechas concretas como la Navidad, sino que se mantiene de forma constante, afectando la percepción que los jóvenes tienen de sí mismos y de su futuro.

Ante este escenario, Guerrero defiende la importancia del acompañamiento adulto. Más que prohibir el acceso a las redes, propone educar en pensamiento crítico, ayudando a los adolescentes a entender que lo que se muestra en pantalla no refleja la realidad completa. “Solo se enseña una parte de la vida, no la cara B”, apunta.

El especialista cuestiona además la edad mínima legal para el uso de Instagram, fijada actualmente en los 16 años. A su juicio, se trata de una referencia demasiado baja para un cerebro que aún no ha desarrollado plenamente los recursos necesarios para gestionar la sobreexposición, la validación externa y el impacto emocional del consumo digital. En su opinión, los 18 años serían una edad más adecuada, siempre teniendo en cuenta la madurez individual.

Aunque reconoce que las redes sociales ofrecen ventajas en términos de comunicación e información, Guerrero insiste en que también conllevan riesgos importantes, especialmente para los menores. La capacidad para autorregularse, filtrar contenidos y resistir dinámicas adictivas no está completamente desarrollada en la adolescencia, lo que incrementa la vulnerabilidad.

El psicólogo también señala que muchos conflictos entre padres e hijos se explican porque los adultos olvidan cómo fue su propia adolescencia. Desde su perspectiva, la rebeldía, la búsqueda de identidad y la necesidad de diferenciarse forman parte natural del desarrollo. “Para construir su propia voz, el adolescente necesita dejar de escuchar, temporalmente, la de sus padres”, explica.

Para reforzar el vínculo, Guerrero recomienda compartir actividades de ocio durante las vacaciones, siempre desde una posición equilibrada. Ni la permisividad absoluta ni el autoritarismo resultan efectivos. “Somos los adultos quienes debemos aportar empatía y comprensión; tenemos los recursos y la responsabilidad”, concluye.

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