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Adicción al ejercicio: las señales que indican cuando el entrenamiento deja de ser sano
Comportamientos Psicología General

Adicción al ejercicio: las señales que indican cuando el entrenamiento deja de ser sano

Dic 2, 2025

Especialistas advierten que, aunque la actividad física es un pilar de bienestar, puede convertirse en una conducta compulsiva capaz de deteriorar la salud mental y la vida cotidiana.

El ejercicio suele asociarse con vitalidad, equilibrio emocional y prevención de enfermedades. No obstante, en una cultura que premia la exigencia constante y la perfección física, ese hábito saludable puede transformarse en una dependencia. Lo que inicia como una práctica para mejorar la calidad de vida puede convertirse en una conducta que invade cada aspecto del día a día. Ese es el terreno en el que surge la adicción al ejercicio, un comportamiento que profesionales europeos reconocen como un serio problema psicológico, incluso en personas que aparentan llevar un estilo de vida sano.

Aunque no se considera un diagnóstico independiente, suele encuadrarse dentro de los trastornos vinculados a la dismorfia corporal, donde la percepción del propio cuerpo se encuentra distorsionada. Según la psiquiatra Icía Nistal y la psicóloga Vanesa Fernández, quienes han estudiado este fenómeno, quienes lo padecen enfrentan un conflicto interno constante: sienten que su físico nunca es suficiente, sin importar cuán tonificado o fuerte luzca ante los demás.


Cuando la actividad física deja de ser equilibrio

Una práctica saludable se caracteriza por la flexibilidad: permite descansar, escuchar al cuerpo y adaptarse a imprevistos. Pero la adicción actúa en sentido contrario. Obliga a entrenar pese al dolor, la fatiga o las recomendaciones médicas. El ejercicio ya no se vive como una elección, sino como una obligación ineludible.

Este patrón está relacionado con la dismorfia muscular, una preocupación obsesiva por no verse lo bastante definido. Con el tiempo, quienes la sufren aumentan la cantidad e intensidad de sus entrenamientos, siguen dietas estrictas y, como han documentado estudios internacionales, algunos recurren al uso de anabólicos para acelerar resultados. El cuerpo se convierte así en un proyecto infinito, siempre inconcluso.


Indicadores de alerta

Las primeras señales suelen ser emocionales: irritación si se interrumpe una sesión, ansiedad al no cumplir la rutina o la necesidad de entrenar cada vez más para obtener la misma sensación de alivio. También pueden aparecer cambios en la vida social, que se reduce progresivamente porque todo gira en torno al gimnasio.

A nivel conductual, se observan señales como entrenar pese a lesiones, organizar el día únicamente en función del ejercicio o sentir que la jornada solo “vale” si se logró entrenar. En algunos casos se suma una alimentación rígida y el consumo excesivo de suplementos o sustancias para aumentar masa muscular.


Personas con mayor riesgo

No todas las personas que entrenan con frecuencia son vulnerables a este trastorno. Sin embargo, los expertos identifican ciertos perfiles más expuestos: personas con baja autoestima, jóvenes —especialmente varones— inmersos en deportes de fuerza o estética, y quienes presentan rasgos perfeccionistas. También están en mayor riesgo quienes tienen antecedentes de trastornos alimentarios o quienes crecen en entornos donde el aspecto físico es un criterio de validación constante.


Impacto y formas de prevención

Las consecuencias físicas pueden ser importantes: lesiones por sobrecarga, fracturas por estrés y dolores crónicos son recurrentes. También pueden aparecer alteraciones hormonales o cardiovasculares en casos donde se utilizan esteroides. En el plano emocional, la adicción al ejercicio suele ir acompañada de ansiedad, depresión y una sensación persistente de insuficiencia.

La prevención, señalan las especialistas, empieza con educación sobre imagen corporal desde edades tempranas, insistiendo en que el ejercicio es una herramienta de salud y no una obligación para alcanzar un ideal estético. También sugieren que entrenadores y profesionales del deporte reciban formación para reconocer señales tempranas y orientar a las personas hacia ayuda especializada.

Las redes sociales tienen un rol determinante en este fenómeno. La psicóloga Vanesa Fernández advierte que muchos influencers desconocen el impacto que generan en audiencias vulnerables, quienes pueden desarrollar comparaciones constantes basadas en estándares corporales irreales.

Recuperar una relación sana con el movimiento implica devolverle su propósito original: ser un acto de cuidado, bienestar y disfrute. Cuando se entiende esto, el cuerpo deja de ser un objetivo imposible y vuelve a ser un espacio de equilibrio y respeto hacia uno mismo.

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