¿Por qué sonreímos? El cerebro coordina los gestos faciales con precisión milimétrica
Sonreír, fruncir el ceño o mostrar los dientes como señal de advertencia son gestos cotidianos en la comunicación humana y animal. Aunque estas expresiones suelen interpretarse como respuestas automáticas a las emociones, un nuevo estudio científico revela que, en realidad, son el resultado de una compleja coordinación cerebral que funciona como una orquesta bien sincronizada.
La investigación, publicada este jueves en la revista Science, demuestra que las expresiones faciales no surgen de manera espontánea ni reflejan únicamente estados emocionales internos. Por el contrario, dependen de una red distribuida de regiones corticales que operan a distintas velocidades y se organizan según una jerarquía temporal.
Un cerebro que planifica antes de sonreír
El estudio fue liderado por la neurocientífica Geena Ianni, de la Universidad de Pensilvania, quien junto a su equipo analizó la actividad cerebral de dos macacos mientras realizaban gestos faciales de forma natural. Los investigadores registraron la actividad de cientos de neuronas en cuatro áreas del cerebro relacionadas con el control facial, mientras los animales producían expresiones como el lipsmack (un gesto similar a la sonrisa), señales de amenaza y movimientos asociados a la masticación.
Uno de los hallazgos clave es que estas regiones cerebrales no están divididas de forma rígida entre movimientos voluntarios y expresiones emocionales, como se pensaba tradicionalmente. Todas las áreas analizadas participaron en todos los tipos de gestos, independientemente de su carga emocional o social.
“Las zonas motoras faciales trabajan de manera integrada y flexible”, explicó Ianni. “Las mismas neuronas pueden activarse tanto para un gesto social como para un movimiento voluntario”.
Una jerarquía basada en el tiempo, no en el espacio
Para captar esta dinámica, los científicos combinaron resonancia magnética con implantes de microelectrodos, lo que permitió registrar simultáneamente la actividad neuronal mientras los macacos interactuaban con estímulos sociales, como videos de otros primates, avatares digitales o encuentros directos.
El análisis reveló que el cerebro no organiza estas funciones siguiendo una jerarquía espacial clásica, sino una jerarquía temporal. Algunas regiones procesan información rápida y cambiante para controlar el movimiento facial en tiempo real, mientras que otras mantienen patrones más estables que podrían reflejar el contexto social o la intención del gesto.
Además, la actividad neuronal asociada a cada expresión comenzaba hasta un segundo antes de que el rostro se moviera, lo que sugiere planificación e intención. Incluso en momentos de reposo facial, el cerebro ya mostraba patrones diferenciados según el gesto que se produciría después.
¿Las expresiones siempre son sinceras?
Estos resultados cuestionan la idea tradicional de que las expresiones faciales son reflejos directos y honestos de lo que sentimos. En un comentario publicado en la misma revista, las investigadoras Bridget Waller y Jamie Whitehouse, de la Universidad de Nottingham, señalan que si los gestos se planifican con antelación, su función podría ir más allá de expresar emociones internas.
“Las expresiones faciales podrían ser herramientas estratégicas dentro de la interacción social”, explican, lo que abre el debate sobre hasta qué punto una sonrisa o una mueca reflejan fielmente el estado emocional de una persona.
Alcances clínicos y científicos
Para Ignacio Morgado, catedrático emérito de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, el principal aporte del estudio es neurológico. Destaca que demuestra cómo las mismas regiones del cerebro codifican tanto expresiones emocionales como voluntarias, aunque advierte que no modifica sustancialmente lo que ya se sabe sobre su función social.
Los autores subrayan que estos hallazgos podrían tener aplicaciones clínicas relevantes. Comprender cómo el cerebro genera las expresiones faciales podría contribuir al desarrollo de interfaces cerebro-computadora y a la rehabilitación de pacientes con lesiones neurológicas que han perdido la capacidad de gesticular.
En definitiva, cuando sonreímos, nuestro cerebro no actúa por impulso. Ejecuta una compleja sinfonía neuronal en la que distintas regiones, con ritmos rápidos y lentos, trabajan en conjunto para producir el gesto adecuado en el momento social preciso.

