¿Enfermedad o fenómeno cultural? Expertos analizan el auge de los ‘therian’ y llaman a evitar extremos
En medio del vertiginoso ritmo de las tendencias digitales, una nueva expresión identitaria ha comenzado a ganar visibilidad en redes sociales: los llamados “therian”. Se trata de jóvenes —y también algunos adultos— que afirman tener una conexión identitaria profunda con un animal específico, al que denominan “theriotype”, y lo expresan mediante máscaras, movimientos corporales y encuentros grupales.
Videos difundidos en plataformas como TikTok e Instagram muestran a adolescentes usando máscaras de lobos, gatos o perros, imitando conductas asociadas a estos animales y organizando reuniones en parques de distintas ciudades. El fenómeno ha tenido presencia en países como Argentina, España y Alemania, y empieza a observarse de forma incipiente en Colombia y Chile.
¿Qué significa ser “therian”?
Quienes se identifican bajo esta etiqueta sostienen que no se trata de cosplay ni de una actividad artística ocasional, sino de una vivencia identitaria que comparten en comunidades digitales y presenciales. Aseguran que su vínculo con determinado animal forma parte de su autopercepción simbólica.
La psicóloga Andrea Anaya abordó el tema en una explicación difundida en redes sociales. Según la especialista, el fenómeno no constituye un diagnóstico clínico ni psiquiátrico. No aparece reconocido en manuales como el DSM-5 de la American Psychiatric Association, texto de referencia internacional para clasificar trastornos mentales.
“Que no sea un diagnóstico no significa que no deba analizarse”, explicó Anaya, quien subrayó que la adolescencia ha sido históricamente una etapa de exploración identitaria. La diferencia, señaló, es que ahora estos procesos se desarrollan frente a audiencias masivas debido a la exposición en redes.
La profesional advirtió, sin embargo, que el enfoque debe cambiar si aparecen señales de alarma como pérdida de contacto con la realidad, delirios o aislamiento extremo. En esos casos, precisó, no se hablaría de cultura digital sino de una situación clínica que requeriría intervención profesional.
Entre la burla y la preocupación
El fenómeno ha generado reacciones polarizadas. Mientras algunos sectores lo consideran una moda amplificada por algoritmos y tendencias virales, otros expresan inquietud sobre el impacto que este tipo de expresiones puede tener en la salud emocional de los menores.
En Colombia ya circulan convocatorias digitales para encuentros en espacios públicos, aunque su alcance aún es limitado. El debate se centra en si se trata de una simple subcultura juvenil o de una manifestación que exige mayor atención psicosocial.
Para Andrea Anaya, la pregunta relevante no es si quienes se identifican como therians “creen ser animales”, sino qué procesos humanos podrían estar simbolizando a través de esa identificación. Desde esta perspectiva, el fenómeno podría entenderse como una forma de exploración personal más que como una desconexión con la realidad.
La mirada académica: expresión simbólica, no enfermedad
Otros especialistas consultados por medios nacionales coinciden en que catalogar el fenómeno como trastorno sería una conclusión apresurada. Carlos Enrique Garavito, coordinador de la Comisión Nacional de Política Pública del Colegio Colombiano de Psicólogos, ha señalado que atribuir automáticamente un sustrato patológico a una tendencia cultural constituye un error ético y científico.
En la misma línea, la psicóloga clínica Laura Ramírez, especialista en evaluación de trastornos afectivos, sostiene que quienes se identifican como therians conservan claridad sobre su condición humana. Según su análisis, se trataría de una conexión simbólica que no implica pérdida de la percepción de la realidad.
Redes sociales y construcción de identidad
Expertos coinciden en que el entorno digital ha transformado la forma en que los jóvenes construyen comunidad y exploran su identidad. Plataformas como TikTok e Instagram facilitan la visibilidad de nichos culturales que antes permanecían dispersos o invisibles.
El debate, por tanto, trasciende la etiqueta “therian”. Se inscribe en una discusión más amplia sobre adolescencia, pertenencia, expresión simbólica y el papel de los algoritmos en la amplificación de subculturas.
Mientras el fenómeno continúa expandiéndose en el entorno digital, especialistas llaman a evitar dos extremos: la burla simplificadora y la romantización acrítica. El consenso apunta a un análisis informado, acompañado y prudente, que permita distinguir entre expresión cultural y posibles señales de riesgo clínico.
La conversación apenas comienza, y su evolución dependerá tanto de la evidencia científica como del diálogo social que se construya alrededor de estas nuevas formas de identidad en la era digital.

