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February 27, 2026
“Amo a mi pareja, pero ya no la deseo”: ¿qué pasa cuando el amor permanece y el deseo se apaga?
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“Amo a mi pareja, pero ya no la deseo”: ¿qué pasa cuando el amor permanece y el deseo se apaga?

Feb 27, 2026

Después de casi dos décadas de matrimonio, una mujer expresó una inquietud que muchas personas viven en silencio: ama a su esposo, lo admira como padre y compañero, pero ya no siente deseo sexual por él. No hay infidelidad, no hay un conflicto reciente, no hay violencia ni carencias evidentes. Solo una ausencia: la del deseo.

La situación fue analizada por la psicóloga y psicoterapeuta colombiana Paola Ucrós, quien abordó el caso desde una perspectiva clínica y psicoanalítica, alejándose de soluciones simplistas o juicios morales.


Amor y deseo no son lo mismo

Uno de los puntos centrales del análisis es distinguir dos dimensiones que muchas veces se confunden: amar y desear no son sinónimos.

El amor puede sostenerse en la historia compartida, la lealtad, el cuidado mutuo y la estabilidad construida durante años. El deseo, en cambio, responde a una lógica distinta: involucra tensión, novedad, misterio, incluso cierta incertidumbre.

Según explica Ucrós, el hecho de que una persona sea “buena”, responsable o afectuosa no garantiza que despierte deseo en el otro. La bondad no es automáticamente erótica. La admiración no siempre se traduce en atracción.


Cuando la rutina convierte al otro en paisaje

En relaciones largas, la convivencia transforma el vínculo. Lo que al inicio era descubrimiento y curiosidad puede convertirse en familiaridad absoluta. La pareja deja de ser territorio por explorar y se vuelve parte del entorno cotidiano.

La estabilidad —tan valorada socialmente— puede, paradójicamente, disminuir la tensión erótica. Cuando todo está asegurado, cuando no hay riesgo ni incertidumbre, el deseo puede perder intensidad.

Esto no significa necesariamente que el amor haya desaparecido. Significa que la experiencia emocional del vínculo cambió.


Culpa y mandato social

En el caso expuesto, la mujer se siente culpable por siquiera considerar una separación. Su esposo cumple con lo que culturalmente se espera: es responsable, presente y comprometido.

Aquí aparece una presión silenciosa: la idea de que si “todo está bien”, no hay derecho a sentir insatisfacción. Pero la ausencia de conflictos visibles no elimina el malestar interno.

Ucrós plantea que el deseo no obedece a mandatos morales. No se activa por gratitud ni por reconocimiento racional. Forzarlo o negarlo puede profundizar la desconexión.


¿Se puede recuperar el deseo?

No existe una fórmula universal. Sin embargo, desde una mirada terapéutica, el primer paso no es decidir quedarse o irse, sino comprender qué significa esa pérdida.

Algunas preguntas clave pueden ser:

  • ¿El deseo desapareció solo con esta pareja o ha ocurrido antes?
  • ¿Existe espacio para la individualidad dentro de la relación?
  • ¿Hay resentimientos no hablados o dinámicas que erosionaron la admiración?
  • ¿La vida cotidiana dejó sin lugar a la seducción y al juego?

Más que “volver a lo que era”, el reto puede estar en reconstruir la relación desde otro lugar, donde el otro no sea una certeza absoluta sino alguien que sigue siendo sujeto de descubrimiento.


El deseo necesita distancia simbólica

Desde el enfoque psicoanalítico que orienta la práctica de Paola Ucrós, el deseo se sostiene en una paradoja: para querer al otro, también necesitamos reconocer que no lo poseemos completamente.

Cuando la pareja se convierte únicamente en función —padre, proveedor, compañero logístico— puede perderse la dimensión erótica. Recuperar espacios individuales, proyectos propios y momentos de novedad puede reactivar la percepción del otro como alguien distinto y no totalmente predecible.


Sin decisiones impulsivas

La especialista no propone rupturas automáticas ni recetas rápidas. Tampoco romantiza la permanencia a cualquier costo. Plantea, en cambio, un proceso de reflexión profunda sobre la propia posición en el vínculo.

El deseo puede transformarse, reaparecer o confirmarse como ausente. Lo importante es no reducir una experiencia compleja a una culpa silenciosa o a una decisión precipitada.

Porque en las relaciones largas, amar puede ser una construcción sólida. Desear, en cambio, es un movimiento que necesita aire, misterio y renovación constante.

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