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Generaciones de los 60 y 70: la resiliencia que se formó sin manual y hoy vuelve al debate
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Generaciones de los 60 y 70: la resiliencia que se formó sin manual y hoy vuelve al debate

Abr 24, 2026

Las personas que crecieron en las décadas de 1960 y 1970 desarrollaron una fortaleza emocional particular que hoy vuelve a ser objeto de análisis en la Psicología. Se trata de una resiliencia que no surgió de modelos pedagógicos estructurados, sino de contextos exigentes donde la autonomía era parte de la vida cotidiana.

A diferencia de la crianza actual, más enfocada en la protección y el bienestar inmediato, en ese entonces predominaban esquemas marcados por la disciplina, la exigencia y una menor atención a la salud emocional. En ese entorno, la capacidad de adaptarse no era una opción: era una necesidad.

Aprender a resolver sin intermediarios

Especialistas coinciden en que muchos niños de esa época crecieron con altos niveles de independencia. Era común que enfrentaran problemas por sí solos, pasaran tiempo sin supervisión adulta o asumieran responsabilidades desde temprana edad.

Estas experiencias, que hoy podrían generar cuestionamientos, contribuyeron al desarrollo de habilidades como la resolución de conflictos, la tolerancia a la frustración y la autorregulación emocional.

Desde la psicología, este fenómeno se relaciona con el concepto de inoculación al estrés, que plantea que la exposición a desafíos moderados fortalece la capacidad de adaptación a largo plazo.

El contraste con la crianza actual

En contraste, los modelos contemporáneos tienden a intervenir de manera más inmediata frente al malestar de los menores. Aunque esta tendencia responde a una intención de cuidado, algunos expertos advierten que puede limitar el desarrollo de herramientas emocionales clave.

Cada vez es más frecuente observar dificultades para manejar la frustración, aceptar límites o responder ante la autoridad, situaciones que generan preocupación en entornos educativos y familiares.

El debate, sin embargo, no plantea un regreso a modelos rígidos, sino la búsqueda de un equilibrio entre acompañamiento y autonomía.

Una fortaleza con costos emocionales

Pese a sus beneficios, la resiliencia desarrollada en esas generaciones también tuvo efectos menos visibles. Muchas personas criadas bajo esos esquemas presentan dificultades para expresar emociones o pedir ayuda.

La idea de “resolver solo” se convirtió en una norma que, en algunos casos, derivó en la represión emocional. Esto evidencia que la dureza del modelo tampoco era ideal y que la fortaleza psicológica, en ocasiones, se construyó a costa del bienestar emocional.

Resiliencia: cómo se escribe correctamente

En medio del auge del término, también han surgido dudas sobre su escritura. La Real Academia Española ha sido clara: la forma correcta es resiliencia, no “resilencia”.

El término proviene del inglés resilience y del latín resiliens, y se define como la capacidad de un individuo para adaptarse y recuperarse frente a situaciones adversas. También tiene aplicaciones en ámbitos técnicos, donde describe la capacidad de un sistema o material para volver a su estado original tras una perturbación.

Un debate abierto entre generaciones

El contraste entre modelos de crianza pone sobre la mesa una discusión más amplia: cómo formar individuos capaces de enfrentar la adversidad sin sacrificar su bienestar emocional.

Ni la dureza del pasado ni la sobreprotección del presente parecen ofrecer una solución completa. En ese punto intermedio, donde hay límites pero también acompañamiento, es donde los expertos sitúan la clave para construir una resiliencia más equilibrada y sostenible en el tiempo.

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